Cuentan que hace mucho tiempo, tal vez muchos minutos, muchas horas, días, semanas o años, un carpintero de nombre José, tuvo la osadía de pedir un préstamo a los usureros prestamistas de su lejana tierra, tal vez tan lejana como una legua, cien leguas o un millón de leguas, para comprarse una casa junto a la carpintería donde trabajaba de manera magistral la madera de cedro libanes, haya germánica o tal vez olivo andaluz. El usurero como todos los usureros y prestamistas vivía de prestar una y recibir dos, como por entonces, debido a la afluencia de legiones de romanos, o tal vez de germanos o de la pérfida Albión, incluso de africanos de más al sur de Abisinia, estos últimos a trabajar y sin papeles que le permitiesen la residencia, pero que contribuían con su trabajo al crecimiento y grandeza de Roma, Judea o incluso Hispania, la construcción de casas estaba en plena expansión, y la casa que hoy costaba diez denarios a los pocos días podía a llega a tasarse en quince o veinte denarios, por tanto el usurero como codicioso que era no solo le dio gustoso el préstamo para la casa al pobre carpintero sino que le dio para que comprase un borrico y así poder transportar mejor su mercancía, sabiendo que el carpintero tal vez no sería capaz de afrontar el préstamo, pero si así ocurria, las leyes de Herodes permitían que el usurero recobrase la casa y el borrico para poder venderlo por un precio superior, sin eximir al carpintero de la deuda. El pobre José agradecido no desconfió de la picaresca del astuto usurero y enamorado que andaba de María y firmo la estafa que el usurero le presento, sin leer la letra pequeña, pues su oficio era trabajar, del mismo modo que la del usurero era robar.
Como ya he dicho José que andaba muy enamorado y medio ennoviado con la bella María, ya con casa, entusiasmado le propuso irse a vivir juntos, María que quería mucho a José no se hizo de rogar y pronto comenzaron a vivir en su nido de amor, entre roce y roce María termino embarazada, a pesar de su aspecto inocente y virginal, eran muy felices, soñaban que su hijo sería muy inteligente y marcharía a Atenas a estudiar filosofía y así liberar al pueblo judío, abisinio o hispano del yugo del imperialismo romano, germánico o ¿americano? (desliz del subconsciente).
Pronto llegaron los contratiempos, los grandes mercaderes habían hecho más casas de la cuenta, los usureros habían invertido en casas que pronto ante el exceso de las mismas, perdieron su valor, en bonos basura, que a su vez mediante engaños habían ofrecido a José y a otros muchos, como haciéndoles un favor, prometiéndole que por dejarles administrad los pocos ahorros que disponían le darían un interés muy alto en el momento que él lo necesitasen, era como si los prestatarios se convirtiesen en prestamistas de los usureros. José que era confiado, se fio del usurero. al poco tiempo ante la saturación del mercado, se dejó de construir, la carpintería tuvo bastante menos faena y José fue despedido, entonces José no pudo hacer frente a la hipoteca de su casa como sus ahorros los tenía el mismo usurero con el cual tenía contraída la hipoteca de la casa, fue al usurero para recuperar su dinero y con ellos pagarle al usurero y saldar la deuda, el cual le dijo que los había invertido en operaciones que no habían dado el resultado esperado, por lo cual por orden del rey Herodes no se los podían dar, ya que el rey los necesitaba para ir a cazar elefantes a las selvas africanas, lo cual no eximia a José de pagar la deuda que tenía con el usurero de lo contrario le quitarían la casa aunque tuviesen que recurrir a los sicarios del rey pues la ley monárquica de Herodes y la imperial de Roma le amparaba, así que José fue a presentar una denuncia, pensando que la justicia le ampararía a él, al llevar razón, ya que el usurero estaba dispuesto a echarle de su casa a pesar de que ese mismo usurero se negaba a devolverle sus ahorros con los cuales fácilmente podría saldar la deuda. Por si fuese poco, aunque el usurero se quedase con su casa, José continuaría teniendo la deuda con el mismo y es que las leyes en Judea, Roma o Hispania las hacen los poderosos en contra de los débiles desde el principio de los tiempos.
Al presentarse José y María ante el palacio de justicia, le exigieron los guardias y escribanos una cuantiosa cantidad en concepto de tasa judicial, (para no saturar la administración de justicia, decían, en realidad para que los débiles no pudiesen defenderse de los abusos de los poderos) como José no disponía de dicha cantidad no pudieron presentar la denuncia y sin miramientos los sicarios del rey, mandados por el pretor romano Mariano Handed Forbici, tiraron a María y José a palos de su humilde morada, a pesar del avanzado estado del embarazo de María y las protestas solidarias de los vecinos.
Por suerte para la joven pareja ni los sicarios, ni el malvado y cínico pretor que les había prometido un año antes ayuda si le votaban como jefe de la guardia pretoriana, se percataron que tenían todavía un borrico en propiedad. Esperanzados en que los sacerdotes le pudiesen ayudar, y sabiendo que prometían amor y justicia divina, se encaminaron a Jerusalén, Roma o ¿Madrid? antes de llegar en Belem, María se dio cuenta que con el traqueteo del borrico, posiblemente no llegaría al final del trayecto, así que pararon en Belem, que andaban de fiesta pascual, pero no le abrieron ninguna casa para el alumbramiento, casualmente en una casa muy pequeña y pobre le ofrecieron cobijo, pero como eran muchos los desahuciados a ellos les toco en el pesebre, que compartiría con un buey y una mula, donde hacía mucho frío, pero que el calor de los tranquilos animales daban calor casi humano, mucho más cálido que algunos calores humanos.
La casa en cuestión también estaba pendiente de desahucio, en este caso el prestamista era el sumo sacerdote, que en aquella misma noche mando a los sicarios del rey a desahuciar a los habitantes de la misma, cuando llegaron al pesebre viendo que María estaba de parto, se contuvieron y fueron a pedirle permiso al sumo sacerdote, el cual les dio la orden que les dejasen pernotar aquella noche pero nada más, “pero como son pobres lo mismo se llevan la mula y el buey” pensó el sumo sacerdote hebreo, ¿cristiano? para evitar que José y María pudiesen verse tentados a llevarse la mula y el buey, pensando el ladrón que todos eran de su condición, ordeno llevarse a ambos animales del pesebre a sus cuadras de palacio, por lo que el pobre José, la pobre María y el niño que vino al mundo se vieron privados del tan necesario calor animal.
Al día siguiente el joven matrimonio, con María y el niño montados en el borrico y José tirando del ramal, cogieron camino de Roma, Germania o ¿Canadá?, para así poder trabajar. Suerte tuvieron, porque el rey Herodes que había cazado un elefante por capricho, andaba disgustado porque era viejo verde y se había ido con la bella y joven Salome, pero la vejez y alguna copa demás le habían provocado un accidente a altas horas de la madrugada, rompiéndose una pierna, preguntando al chaman/rabino, este le dijo que la culpa la tenía el espíritu del elefante muerto que se había reencarnado en uno de los niños nacido en Belem que terminaría destronándolo. Ordenando al pretor romano y a sus sicarios que cogiesen todos los niños menores de dos años y los matasen.
Hubo tres magos que supieron por medio de sus dotes adivinatorias los que iba a ocurrir, pero se equivocaron de camino y en lugar de llegar a Belem, se presentaron en una playa de Cádiz donde aprovecharon para comer “pescaito frito”. Cuando ya llegaron a Belem, el niño Jesús con sus padres ya había emigrado, y menos mal, porque nueve días antes se había producido la matanza de los inocentes.












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